Yo me como los lobos, no los cuentos

Actualizado: 8 may

Por Yonosé, bufona de Diana Bolaño Meza

 

Mi padre me contaba cuentos de hadas para enseñarme lo que era el mal.Angélica Lidell


Si yo fuese una princesa de cuentos de hadas exigiría algún tipo de indemnización a los creadores porque me han hecho parecer una completa estúpida, sumisa, necesitada de marido, incapaz de tomar decisiones, co-dependiente, con un proyecto de vida ligado a falsas expectativas y desinteresada en mi proceso evolutivo personal, lo que justificala necesidad de un hombre-padre-salvador-cazador.

Si yo fuese princesa demandaría por daño psíquico, porque según ellos soy un cóctel de inestabilidad emocional, inmadurez y hormonas, una completa “histérica”, que pese a su sufrimiento e incapacidad –o por razón de ello- llegaráa convertirse en una “víctimaglamurosa” del sistema,que, aunque haya sido violentada, abandonada, drogada, engañada o “encantada” y no tenga acceso a la justicia ni a la reparación, queda con el consuelo de ser sobretodo “la más bella que jamás hayan visto”, y puede que con suerte (un beso o un rescate) y un poco de morbo logre casarse con el anhelado príncipe azul y seanfelices y coman perdices -aunqueseas vegetariana-.

Yo no sé si parece que hablo solo de las princesas o si hablode algunas o muchas mujeres,jóvenes y niñas/es sumidas en el infernalcuento de hadas que se las ha impuesto soportar.

Pero este es un manifiesto sobre cuentos. Advierto que cualquier parecido con la realidad podría ser “solo” coincidencia.

De vuelta sobre el tema, quizás se pregunten por qué tantodrama ¿que nos han hecho los cuentosde hadas? ¿podría un cuento de hadas “hacernos” algo? ¿los cuentos de hadascon los que hemos crecido nos han formado o deformado?

Pues bien, estamos hechas y hechos de pedazos: discursos, hábitos, ritos, decisiones, imposiciones, herencias, símbolos, incluso cuentos -sobre todo cuentos-. Relatos procedentes - la mayoría de las veces- de lugares y regiones alejadosde nuestro contexto,y casi siempre sustentados en ideologías universalizadoras, regulatorias y homogeneizantes. Pero que a fuerza de repetición e imposición cultural e histórica se han ido naturalizando y han acabado por constituirse en discursos y prácticas que construyen las realidades que luego imponen.

Los cuentos de hadas entonces son sumamente sospechosos, incluso peligrosos –por lo menos para las niñasy las mujeres; en realidad para todos y todas- y cuentan mucho más que una inocentey ejemplar historia única para aprender.

Por eso importan, porque -entre otras cosas- nos conforman relatos, y estos tienen la capacidad simbólica de construir realidades y/o interpretarlas, actuandocasi como una verdad colectiva.

La popularidad y carácter “universal” de los cuentos de hadas los dotan de mayor poder y capacidad de influencia, construyen valores,pero, ¿qué clase de valores?¿son estos los códigos y valores que queremos seguir recibiendo y reproduciendo?

Para la escritora Clarissa Pinkola “los cuentos de hadas terminan al cabo de diez páginas, pero nuestras vidas no. Somos unas colecciones de varios tomos”. Las manzanas envenenadas no salen solo en los cuentos de hadas, el valor estará en identificar cuáles son nuestras historias y que rol jugamos dentro de ellas.

Por eso, gracias, pero no gracias, ya no quiero ser una princesa, yo demando por una urgente deconstrucción y por un no-final que pueda escribir yo.


 

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